1 d’abr. 2009

Y entonces ¿Qué es la artesanía?


En general, en las distintas normativas que regulan el sector en las comunidades autónomas españolas se define a la artesanía como la actividad económica de producción, creación, restauración, transformación y servicios donde la intervención del artesano es fundamental para la obtención del producto o servicio y que además no puede ser reproducido de forma industrial y cuando su resultado suponga algo individualizado y singular.

La fórmula administrativa da un giro bastante grande a lo propuesto por muchos artesanos, ya que no se observa al producto y sus técnicas sino al objetivo y los medios. Si muchos artesanos tenían interés en acotarlo y controlarlo todo, los organismos administrativos cambian por una definición generalista y bastante ambigua como se podrá observar.

En primer lugar, ¿existe algo hoy día que no tenga opción de ser reproducido de forma industrial? Otra cuestión es que esto sea rentable.

Por otro lado, casi el cien por cien de los sistemas productivos exige de forma indispensable la participación humana, ya sea esta en una cadena o detrás de un ordenador.

En cuanto a la individualización del producto, en todos los oficios, uno de los objetivos finales es hacer los productos que sean lo más homogéneos posibles en sus dimensiones, texturas y calidad, ya que muchas veces se pretende competir con la industria en los acabados y donde la presencia o huella manual es vista como un defecto (ejemplos miles en el vidrio, la cerámica, el textil, la joyería…)

Al final, la ambigüedad de esta definición abre una gran puerta para la entrada de casi todos los ámbitos productivos y de servicios que no pertenecen a la industria más tradicional. Así que de forma casi obligatoria, a todas las administraciones y con el fin de acotar sus propias normativas, se les hace necesario definir un repertorio de oficios que son considerados como artesanos. Estos repertorios de oficios se hacen por familias profesionales dependiendo en muchos casos de los materiales básicos que usan (madera, piedra, vidrio...)

O sea que hemos vuelto a la fórmula utilizada por muchos profesionales artesanos. Es decir, a definir lo que es la artesanía ya sea por los procedimientos de trabajo (oficios y técnicas), sus resultados (productos) o por las materias primas usadas (familias profesionales).

En el fondo se trata de buscar formas proteccionistas para la garantizar la pervivencia de oficios y que tiene su origen en los sistemas gremiales europeos donde se estructuraban las formas productivas de forma férrea, controlándolo todo, desde las materias primas, los sistemas de aprendizaje, salarios…

Los gremios en su momento de esplendor tuvieron su mejor aliado en las incipientes administraciones del momento y en la iglesia, ya que este estricto control garantizaba sobre todas las cosas el cobro de aranceles y otros impuestos.

Sin entrar en profundidad en el asunto, a la larga la fórmula gremial impuso en nuestro país (España) una rigidez creativa y emprendedora que acabo eliminando cualquier posibilidad competitiva con otras regiones europeas, mucho más dinámicas y abiertas a las innovaciones y los cambios estructurales, y que muy pronto supieron deshacerse de las normas que estrangulaban sus sistemas productivos.

Por otro lado y por principio, las medidas proteccionistas contradicen el espíritu que alberga el intento de definir a la artesanía por las distintas administraciones españolas ya que, si damos por válido que la actividad artesanal es una actividad económica, su función básica debe estar orientada a generar los beneficios necesarios para que su mantenimiento sea lo suficientemente rentable para las personas que lo ponen en marcha.

Por este motivo, si entendemos que la artesanía es una actividad económica es irrenunciable el concepto de rentabilidad, y por lo tanto debe ser capaz de flotar por si misma dentro de las leyes del mercado.

Es aquí donde comienzan los verdaderos problemas. Por un lado tenemos unos productos que en el fondo no se sabe muy bien lo que son, y que en muchos casos tienen problemas para entrar en el mercado, y por el otro lado, tenemos un sector económico (que no lo es tal) que pretende ser competitivo y rentable y que no acaba de encontrar su espacio de definición.

Antes de intentar desenmarañar este galimatías es necesario plantearse si es posible resolver la cuestión Vitrubiana de la cuadratura del círculo aunque tengamos que forzar alguna proporción, como hizo el mismo Leonardo. Por este motivo la primera cuestión es resolver de una forma clara y más concreta que es la artesanía… si es que ésta existe.

¿Es la artesanía sus productos? ¿Son los oficios? ¿Las familias profesionales? ¿La combinación de estos factores?...

Para intentar dar respuesta a todas estas preguntas, lo mejor que podemos hacer es tomar algo de distancia y buscar que es lo que tienen en común los productos, los oficios (técnicas), y las familias profesionales que denominamos artesanos.

Porque si todos admitimos que existen productos artesanos y por muy distintos que sean entre si, éstos tendrán que tener alguna característica común que los unifique y los diferencie del resto.

¿Qué tienen en común estos productos para que los entendamos como artesanos?

En un primer contraste podríamos encontrar el concepto de “lo manual”, pero esto además de ambiguo induce a confusiones, ya que hay procesos en lo que lo manual se desdibuja y la mano apenas deja una impronta individualizadora, como en el caso de los oficios productores de materias primas o de objetos de serie con modelos tradicionales como curtidores, boteros, alfareros… En estos casos la diferenciación estaría en el diseño y acabado del producto más que en su realización propiamente y que además podría sustituirse con mecanismos preindustriales o industriales.

Si lo manual por si mismo como elemento diferenciador no nos vale, podríamos referirnos a los oficios tradicionales o históricos. Claro que de esta forma eliminamos de un plumazo a los oficios que son de nueva creación (artes escénicas y audiovisuales, restauración, servicios…) y a aquellos que utilizan nuevos materiales como las siliconas, poliéster, látex… sin olvidar el nuevo problema que supondría colocar la línea temporal de lo histórico. ¿Son históricos hasta el siglo XVII? ¿Y porqué no desde el verano del 1821 o 1492?

Aún así, la fórmula historicista es todavía defendida por algunos irreductibles (Asterix y otros galos dispuestos a frenar el avance de las legiones), pero está demostrándose que la pérdida de mercado de los oficios más tradicionales ha hecho desaparecer el relevo generacional y muchos de los talleres tienen los años contados hasta que la jubilación de los titulares ponga fin a la actividad.

Tampoco nos vale la forma de agrupar los oficios por familias profesionales dependiendo de la materia prima (madera, cerámica, vidrio…) ya que además de la creciente interdisciplinaridad de familias profesionales, aparecen constantemente nuevos materiales que han obligado a crear el apartado de “varios” en todos los repertorios de oficios para dar cabida a los nuevos oficios que aparecen sin estar vinculados a las fórmulas más tradicionales, y que curiosamente, es el único apartado que crece de forma continuada.

Por lo tanto, si no es posible encontrar el nexo de unión en los productos, los materiales, las familias profesionales y las técnicas sólo podemos encontrar como elemento unificador ”el método de producción”.

Félix Sanz Sastre
Director
Centro Regional de Artesanía de Castilla y León
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